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Concepto de 'agujero de ozono'


El agujero de ozono observado en la Antártida es uno de los fenómenos más espectaculares que se han producido, por lo imprevisto e inesperado y por el lugar donde se manifestó por primera vez. Cada año, desde mediados de los años 80, gran parte de la capa de ozono situada sobre la Antártida desaparece durante la primavera, originando lo que popularmente se llama “agujero de ozono” y que no es más que la disminución de la concentración de ozono presente en la estratosfera antártica. Actualmente la capa de ozono sobre la Antártida disminuye entre el 40% y el 55% de los valores observados antes de 1980 y llega a presentar destrucciones de hasta el 70% durante periodos cortos, siendo la destrucción en algunas alturas (15  a 20 km) casi total.
La disminución del ozono producida en la Antártida durante la primavera comenzó a observarse a principios de los años 80. Aunque medida por Chubachi en la base japonesa de Syowa, el descubrimiento fue  atribuido a Farman y colaboradores del British Antactic Survey por ser éstos los primeros en publicar los resultados en una revista arbitrada. Desde 1984 el tamaño del llamado “agujero de ozono”, definido como la región con concentraciones de O3 por debajo de 220 unidades Dobson (UD), ha crecido y ha persistido durante periodos de tiempo cada vez más largos.
La capa de ozono estratosférica centrada alrededor de 25 km de altura tiene una importancia vital para la vida en la tierra, filtrando la radiación solar y absorbiendo la parte de radiación ultravioleta (l<320 nm) dañina para los seres vivos mientras que deja pasar la mayor parte de la radiación UV cercana, la visible y la infrarroja. Una reducción en la columna de ozono provocaría un incremento de la radiación ultravioleta, precisamente en el rango UV-B.
Las razones de su aparición en la Antártida se derivan de la ausencia de radiación solar durante el invierno, induciendo un enfriamiento radiativo que va intensificándose con el tiempo. Por debajo de  la temperatura crítica de 181-192 º K, el ácido nítrico y el agua presente en el aire pasan a fase sólida, dando lugar a las denominadas  Nubes Estratosféricas Polares (PSC en inglés). Estas son nubes que se forman alrededor de 20 Km. de altura, sobre las cuales se catalizan las reacciones que liberan átomos de cloro y bromo y que algunos meses más tarde, con la aparición de la luz del sol en primavera, dan lugar a la destrucción del ozono. Una vez destruido el O3 de la estratosfera, el aislamiento de esta región, impide nuevas aportaciones de masas de aire ricas en ozono procedentes de bajas latitudes. El aislamiento se produce gracias a la existencia de una fuerte circulación ciclónica (llamada vórtice polar) de grandes dimensiones y que está centrada en el polo.
A pesar de la reducción de las emisiones de CFCs propuesta a raíz del Protocolo de Montreal  y sus posteriores enmiendas entre los años 80 y 90, hasta el año 2065  no se espera que el nivel  de halocarburos en la estratosfera alcance el valor previo a 1980. Diversos modelos y estudios estiman que la máxima destrucción de ozono podría ocurrir en las próximas dos décadas, con una posterior recuperación. Sin embargo existen otros factores de los que depende el  futuro del ozono en la estratosfera.